5 de agosto de 2015

PARTES QUE VAN, PERO NO VUELVEN




Aún recuerdo ese momento en el pasillo de las escaleras de mi casa, en que me paré un momento a mirar una foto de cuando era pequeña y empecé a llorar. Ese momento en el que me di cuenta por primera vez de que me estaba a punto de entregar a ese tipo de amor que te destroza por dentro y te cambia para siempre. Sí, me dejé caer temerariamente sin saber qué me encontraría abajo ni si algún día volvería a subir. Pero supe que por más asustada que estuviera, no había nada en este mundo que pudiera impedirme saltar, ni ninguna otra locura que me apeteciera más cometer.
Y aún ahora, habiendo subido costa arriba de un agujero sin final, me pregunto si tal idiotez valió la pena en algún sentido, y enseguida trato de convencerme a mí misma de que es verdad eso de que (sea lo que sea) nunca debería arrepentirme de algo que algún día me hizo feliz.


Aunque claro, sólo un loco sería capaz de volverse a arriesgar. 

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