19 de agosto de 2015

VOLVER A ENCENDERME




Tengo que decirte que tu llegada llevó de vuelta a mi corazón, que llevaba un tiempo de vacaciones. Lo tacharía de cabrón, por haberme dejado tirada durante tanto tiempo, pero he de admitir que se tenía merecido ese descanso.

Hubo un tiempo en el que le rogué que se fuera. Necesitaba dejar de sentir, dejar de pensar, dejar de ser. Y un día me hizo caso, y se largó.
Yo no me dí cuenta hasta un tiempo después. De repente un día estaba mirando una película y advertí que hacía bastantes meses que no lloraba al ver una. Bueno, ni con eso ni con nada, y creédme que eso es algo muy raro en mí.
No estaba triste, pero tampoco me sentía feliz. Había entrado en el estado de completa apacibilidad y ataraxia con el que tanto había soñado.
Ni siquiera me alegré al caer en la cuenta de que lo había conseguido. Adiós al dolor, y al no poder dormir porque tu cabeza no se calla.
Simple y pura estabilidad. Basada en la nada. Y la nada no produce más que nada.

No tardé en odiarlo. Empecé a sentir algo que jamás había sentido (quizá porque no hizo falta). Sentí la necesidad de sentir. Había dejado de vivir para pasarme al bando de los que meramente existen, o subsisten. 

Y para qué engañarnos, todo era mucho más sencillo. Pero si hay algo que no me gusta, son las cosas fáciles.


Gracias por volver a encenderme. 

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