21 de septiembre de 2015

LA FELICIDAD Y OTRAS MUSAS




Siempre escribo en mis momentos más oscuros, o cuando estoy perdida en mis propios abismos.
Hoy voy a hacer algo que no suelo hacer, y es reconocer que tengo muchos más motivos para sonreír que para llorar. Voy a escribir desde la más pura felicidad, que me ha pillado bailando como una loca en mi habitación.

Es bien sabido que los corazones rotos y los malos momentos son una inacabable fuente de inspiración. A veces, sucumbimos a sentimientos tan intensos y desgarradores que sentimos la imperiosa necesidad de expresarlo de alguna manera, antes de que el pecho nos explote en forma de todas las lágrimas que ya no nos quedan.
A algunos les salen pinturas que te tambalean la mente, a otros poesía, canciones, novelas, o incluso edificios que transmiten más por sus paredes de lo que yo he conseguido nunca.
El dolor crea arte, es su forma de sangrar. Y quizá de sanar.

Pero así, en medio de mi euforia descontrolada dando saltos como una loca, se me ha antojado una pregunta. ¿Por qué no explotamos más la felicidad? ¿Por qué no se vende más, en lugar de hacer tanto marketing con mentiras milagrosas que tratan de enseñarnos como ser felices, asumiendo que no lo somos, o que no sabemos serlo?

La felicidad no debería ser algo que se tiene que aprender, ni algo que se pueda explicar. Ser felices debería ser algo innato, y lo que tendríamos que aprender todos es a no dejar de serlo.
Aunque bueno, quizá los humanos seamos un ser infeliz por naturaleza, y solo algunos pocos son capaces de experimentar la felicidad, la que no es fingida ni un mero postureo, sino esa que aparece de manera intermitente, y que nunca es permanente. La muy puta se escapa en cuanto te despistas un momento.

Así pues, ¿por qué sigue vendiendo más el dolor, la tristeza y lo morboso? ¿Es que a caso la felicidad no es suficientemente intensa? ¿Será porqué la gente consume aquello con lo que empatiza, y resulta que hay más gente que se siente triste y sola, que gente que se siente feliz?

En fin, sea como sea, y venga de donde venga, yo seguiré siendo una enamorada del arte, siempre y cuando salga del alma de quien lo crea y me llegue a la mía, siempre que lo que intente decir me ponga la piel de gallina o me haga llorar, 


ya sea  de tristeza o de felicidad.


6 comentarios:

  1. Precioso relato con sentimientos a flor de piel, muchas gracias por compartir.

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  2. Hermosa lectura y video, pienso que la felicidad es un camino y no un destino al cual llegar, es cierto lo que dices, la felicidad es innata, pero con el paso del tiempo nos vamos olvidando de ella, preferimos preocuparnos y no ocuparnos de ser felices, me encantó tu reflexión!

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  3. Buenas tarde Iris, quería decirte que te he elegido para los premios Blogueras con buen rollo, y si aceptas el premio puedes recogerlo en mi blog cuando quieras. Un saludo.

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    1. Muchas gracias! Me pasaré sin duda alguna!

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