26 de octubre de 2015

MONDAY THOUGHTS #3 | SER TÍMIDA EN UN TRABAJO DE EXTROVERTIDOS




Prácticamente toda mi vida he sido considerada una chica introvertida. Recuerdo que una vez hace años hicimos una actividad en el cole en la que teníamos que describir con una sola palabra a todos los compañeros de la clase; estábamos sentados con las sillas una al lado de la otra formando un gran círculo y teníamos un folio con nuestro nombre escrito arriba del todo, el cual debíamos dar a la persona que teníamos a nuestra derecha. Te pasaban la hoja, asignabas una palabra describiendo al compañero correspondiente y se la pasabas al de al lado, y así hasta que volvías a tener la tuya. Casi me pongo a llorar delante de toda la clase cuando leí la mía, aunque no porque estuviera triste, sino más bien de rabia.

Tímida
Callada
Introvertida
Vergonzosa

Alternadas y repetidas unas 30 veces, con algún “simpática” de por medio. Y no me enfadé porqué pensara que no lo era (tenía muy claro que la timidez era un rasgo importante de mi carácter) pero no entendía cómo nadie podía ver más allá de eso. Yo sólo era esa chica que casi nunca decía nada y que se ponía roja cada dos por tres, y por más que intentara cambiarlo, ellos siempre me etiquetarían así, lo que hizo que yo también lo acabara asumiendo.

Con el tiempo he conseguido mejorar mucho en ese aspecto, pero en según qué situaciones aún siento cómo se me suben los colores. Algo que me ayudó fue empezar a trabajar en un sitio turístico, totalmente de cara al público. Hablaba a diario con gente de todas partes, para explicarles cosas, para promocionarles o para venderles las entradas. Estaba rodeada de cientos de personas con las que tenía que mantener algún contacto, incluso en mis días más antisociales, de esos en los que te quedarías en el sofá bajo una manta sólo con tus series, tu perro y tu pizza.


El día más difícil probablemente fue el primero; casi me da un ataque de pánico/ansiedad cuando estaba de camino. No concebía cómo iba yo a hacer ese tipo de trabajo, con lo que siempre me había costado hablar para mucha gente. Pero cuando estaba delante de la puerta, me paré a respirar y miré el reloj. Iba tarde, para variar, así que tenía que entrar ya, sí o sí, no había tiempo para pensar en bobadas. Además, me dí cuenta de que allí no me conocía nadie, no tenían ni idea de si yo era introvertida, o tímida o lo que fuera. No sabían nada de mi, así que, por primera vez, decidí fingir que no lo era y, con ello, conseguí no serlo tanto.

2 comentarios:

  1. Y es que las personas tímidas tienen un gran mundo interior, casi tan grande como el exterior, pero los demás no pueden verlo.

    podi-.

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    1. Toda la razón, muchas gracias por tu comentario!

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