29 de octubre de 2015

UN TREN CON TODOS MIS SUEÑOS





Hace un tiempo tuve un sueño en el que aparecía un tren, pero en esa ocasión no representaba a la vida ni a las oportunidades que se pierden. Esta vez el tren era yo, con todos mis sueños dentro.

De vez en cuando, el tren abría sus puertas y dejaba paso a nuevos sueños, a la vez que otros aprovechaban la oportunidad para salir.

Pero a medida que iba corriendo contra el tiempo, el tren avanzaba cada vez un poco más lento, un poco más cansado, un poco más dolido de tantos choques, de otros trenes y de frenadas bruscas.

Cada día que pasaba abría sus puertas un poco menos, y salían más sueños de los que entraban. Ellos huían de algo que empezaba a quedarse vacío y marchito, para irse con alguien que pudiera llevarlos a cabo, llegar a su apogeo.

El problema con los sueños es que si no los alimentas nunca crecen, y tan rápido como entran, salen.

Llegó un punto en el que el tren se quedó solo. Había dejado durante mucho tiempo que entraran en él infinitas ilusiones y sueños, pero se creyó que con eso ya lo tenía todo, y los ignoró, asumiendo que ellos se moverían solos.

Desperté del sueño con una sensación horrible, como sintiéndome atrapada dentro de algo en lo que no me quería convertir, y ahora cada día intento soñar lo mismo, aunque sea solo para salir de ese tren y decirle a mi subconsciente, a mi consciente y al mundo entero que voy a dejar de soñar para empezar a hacer,

porque los sueños no son nada sin un motor que los mueva.



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